Publicamos aquí un maravilloso trabajo realizado por María Fernanda Fernández Gutiérrez sobre la minería en Riosa y su repercusión en nuestro concejo. Este artículo es un verdadero compendio de estudio y recopilación de datos sobre la minería en nuestro concejo y unas conclusiones que todos los riosanos deberíamos conocer.
VIII Congreso de la Asociación Española de Historia Económica
María Fernanda Fernández Gutiérrez (Galicia, septiembre 2005)
“Minería y desarrollo empresarial en España”
Comunicación: Minas de Riosa, Asturias: un persistente éxito
empresarial (siglos XIX y XX)
MINAS DE RIOSA, ASTURIAS: UN PERSISTENTE ÉXITO EMPRESARIAL
SIGLOS XIX y XX
O. Localización y características de las minas de hulla de Riosa
1. La propiedad del Estado. Concesión del coto de Riosa a la Real Fábrica de
Armas de Trubia, 1846 – década de 1860
Los datos
Las relaciones humanas y técnicas con Bélgica
Las conclusiones
2. Participación de la empresa privada y singularidad del caso. De Minas de
Riosa a Hulleras de Riosa, pasando por los inversores franceses. Reflexiones
sobre el período 1899 – 1951
Reflexión sobre el contexto
Los inversores
Relaciones internacionales
El paréntesis del capitalismo francés
Desarrollo de las instalaciones
2. 1 El capitalismo regional: S. A. Minas de Riosa, 1899 – 1905
Los inversores
Los técnicos
Las instalaciones
2. 2 Los inversores franceses: Compagnie des Houillères de Ujo – Mieres y
Société Française des Charbonnages de Laviana, 1905 – 1914
Inversores y acuerdos empresariales
El personal y las instalaciones
2. 3 La reafirmación del capital asturiano: S. A. Hulleras de Riosa, 1914 – 1951
Los inversores
Los técnicos y las instalaciones
3. Volver a empezar. El INI, las empresas participadas por el Estado y el coto
minero. 1952 – 2005
3. 1 ENSIDESA, 1952 – 1969
La entrada del INI
Influencia internacional y profundización del pozo Montsacro
. 2 HUNOSA y la decadencia, 1969 – 2005
En conclusión
La minería colocó la España del siglo XIX en el mapa de la Europa capitalista,
convirtiéndola en una potencia dentro del panorama económico del viejo continente. A
escala nacional, la minería asturiana del carbón proporcionó la fuente de energía del
desarrollo contemporáneo, asegurando durante décadas el combustible (hulla, cok o
briqueta) que alimentó la industria patria. Esta actividad se convierte, sin lugar a dudas, en
un fenómeno destacado desde el punto de vista de la historia económica española y capital
a nivel regional, sumándose otros aspectos de interés de orden geológico, técnico, social,
antropológico, cultural y en suma, patrimonial.
Las fuentes documentales y la bibliografía han establecido una interpretación
historiográfica con un análisis y un resultado comunes en sus líneas principales, que ponen
en evidencia las paradojas de la explotación y comercialización, la tensión entre las
deficiencias estructurales y los estímulos externos, el juego de oferta y demanda, que
mantuvo esta actividad desde los orígenes en el siglo XVIII hasta la actualidad .
Ahora bien, no abundan los estudios de caso que trasladen esas pautas generales a un
ejemplo específico y cuando esto es así, se modifican las premisas y se advierten nuevos
matices que resultan aún más ricos cuando el ejemplo abordado no es una gran empresa,
sino un negocio minero de escala pequeña o mediana de larga duración.
En el marco de estas jornadas sobre minería y desarrollo empresarial español, Asturias
podría aportar interesantes datos en prácticamente todas las sesiones que se han
establecido; pero en el seno de esta primera que aborda las inversiones mineras, parece que
ilustraría de forma idónea el conflicto entre la gran empresa y el minifundismo empresarial,
la colonización del capital foráneo y la persistencia de iniciativas nacionales y en especial,
regionales, la descapitalización o la ausencia de recursos a gran escala, la competencia y
complementariedad de la empresa pública y la inversión privada.
Vinculado a estas relaciones paradójicas aparece la cuestión tecnológica: el endémico atraso
nacional frente a la innovación extranjera, la dependencia de modelos y patentes ajenas o la
influencia de los profesionales y técnicos extranjeros en la formación del capital humano
patrio, que tienen mucho que ver con la cuestión de los recursos económicos y los
planteamientos de los capitalistas involucrados, máxime cuando se confunden las figuras de
accionistas y profesionales cualificados.
Aunque esos dos aspectos sean tan trascendentes desde el punto de vista de la historia
económica contemporánea, tanto el de los inversores como el relativo a la tecnología, aún
hoy resultan insuficientemente conocidos . El objeto de esta comunicación es aportar datos
al debate y estudio sobre el tema, desde la especificidad del caso concreto, de modo que la
contribución sea original y enriquezca la discusión, ilustrándola con los datos de este
ejemplo hasta ahora conocido de forma somera y carente de investigación sistemática desde
esta perspectiva . Hemos podido llevarlo a término con el concurso de fuentes
documentales específicas e inéditas hasta la fecha, la revisión de antiguas publicaciones, la
entrevista a varias personas, la lectura reposada y el trabajo de campo sobre su espacio de
influencia, como el que hemos podido desarrollar en los últimos años.
Y por ello comenzamos ofreciendo algunos datos precisos sobre el área de explotación, el
tiempo de su desarrollo y las motivaciones de la misma. Es decir: dónde, cuándo y por qué.
El quién y el cómo serán el objeto central de esta comunicación.
Localización y caracterización de las minas de hulla de Riosa.
La cuenca central asturiana agrupa varios yacimientos hulleros que geológicamente se
agrupan en unidades; la que nos ocupa se denomina unidad de Riosa – Olloniego, supera
los 2500 m. de potencia total y en ella se diferencian cuatro paquetes, destacando el Canales
(situado más al sur) por ser el más voluminoso y explotado, con unos quince niveles de
carbón beneficiados. Geográficamente, ocupa terrenos de los concejos de Riosa, Morcín y
Mieres, donde se demarcaron estas minas que configuran el llamado “coto de Riosa”, de
más de 50 Km² de extensión.
El beneficio minero comienza en temprana fecha, de forma casi simultánea al estudio y
difusión de los recursos del subsuelo asturiano. En este yacimiento se da uno de los
primeros ejemplos de explotación del Principado, pionero en su organización a gran escala
y moderno en su planteamiento estratégico. La historia arranca mediado el siglo XIX y llega
hasta el presente, pues es uno de los escasos puntos en que aún se mantiene la actividad en
este año 2005.
Ese temprano comienzo se explicaría por la abundancia del mineral, apreciable incluso a
nivel de superficie, y las cualidades de esta “hornaguera” que la convertían en idónea para la
siderurgia: una hulla crasa excelente para la fabricación de cok. Esta industria fue el motor
para el desarrollo minero por su demanda de combustible para alimentar los altos hornos,
tanto a nivel regional o de consumo interior con su implantación en Asturias desde fines
del XVIII como para su salida al mercado nacional, sobremanera, al mejorar las
condiciones del transporte.
La posición del yacimiento (en una zona céntrica del Principado, cercana a las principales
vías de comunicación, aunque no bien conectada con ellas, y a los primeros focos
industriales), la mano de obra existente (abundante aunque no del todo disciplinada ni
proletarizada) y el proceso, estrictamente contemporáneo, de instalación de una escuela
práctica de minas (la segunda de técnicos mineros, tras la de Almadén) en Mieres, serán
otros motivos que justifiquen o respalden la decisión.
Ahora bien, también pesaban algunos obstáculos que lastraban su explotación, tales como:
la posición de las capas de carbón y, en particular, la fragilidad de éste que generaban
elevados porcentajes de menudo y escaso mineral de gran calibre; la presencia de grisú, un
gas inflamable que provocaba frecuentes explosiones, sobre todo en algunas zonas donde
abundaba, y el terreno abrupto, la mayor parte estribaciones montañosas, que hacía difícil el
acceso y la evacuación de la producción, entorpeciendo el tendido de vías férreas.
Las soluciones que se fueron introduciendo paulatinamente fueron: la rentabilización de los
menudos en la producción de cok, la disposición de medidas de seguridad en el laboreo y la
dotación de varios sistemas de transporte que salvaran los accidentes del terreno, desde los
más elementales a otros de mayor envergadura planteados por los ingenieros y, por
supuesto, el lavado, clasificación y tratamiento de la producción para su comercialización.
En síntesis, los factores que obraban a favor y las soluciones que salvaron los obstáculos
mencionados se sumaron y así comenzó, en la década de 1840, la explotación minera del
yacimiento que genéricamente llamamos riosano. Una historia que llega hasta hoy, que nace
y parece morirá vinculada al Estado y cuyo paréntesis en manos de la empresa privada, con
inversores asturianos y extranjeros, ha tenido un gran interés.
1. La propiedad del Estado:
concesión del coto de Riosa a la Real Fábrica de Armas de Trubia, 1846-decada de 1860
Los datos: La reorganización de la producción armamentística nacional por la Hacienda
pública en la década de 1840, que advertía el desabastecimiento del ejército y la Marina,
supuso la reactivación de la abandonada factoría de Trubia (1794 – 1808, Real Fábrica de
Municiones y Armas Portátiles) para implementar el arsenal de La Cavada en Cantabria
con la fabricación de piezas de artillería de hierro colado para la Marina: en concreto,
fundición de cañones y proyectiles, así como otras armas.
En mayo de 1844 se pone en marcha el proyecto, bajo la dirección del teniente coronel
Francisco Antonio de Elorza, formado en Bélgica y con experiencia en el sector siderúrgico
nacional al haber organizado los establecimientos malagueños en una etapa profesional
fuera del servicio activo como militar. La iniciativa arranca con el ambicioso planteamiento
de reconstrucción y formación de una planta moderna, con equipamiento tecnológico
puntero y disposición racional; no sólo aparecen nuevas instalaciones de producción y
almacenamiento, sino también un parque residencial y nuevos equipamientos en el área de
la factoría. Se mejora el transporte y se dan así nuevas condiciones para el abastecimiento
de materia prima y combustible, y la expedición de mercancías.
Elorza desechó las minas de Langreo, la ubicación en dicha cuenca de los altos hornos y
por supuesto, el transporte fluvial del combustible: los errores del pasado no se repitieron,
ni la inversión hecha antaño pesó o condicionó el nuevo plan industrial, sino que se
comenzó de cero y se lograron los recursos necesarios para las obras, las adquisiciones y las
contrataciones planteadas. La defensa nacional, el carácter estratégico de esta industria
siderúrgica militar, por supuesto en manos del Estado, explica la amplitud y calado de la
operación que entonces difícilmente un inversor privado hubiera podido imaginar o
emprender.
En el ámbito minero, la necesidad de garantizar un acopio regular y suficiente de hulla con
la calidad apropiada para su conversión en cok que alimentara los altos hornos (en una
etapa en que la proximidad de yacimientos de carbón es determinante, antes de la llegada
de los convertidores y el despunte de la siderurgia vizcaína) marcó el diseño de la estrategia.
Elorza señaló esta zona privilegiada y pidió su concesión, así “obtuvo por ley el citado coto de
Morcín y Riosa, de una extensión de 2 leguas de longitud, desde Pandoto, término de Morcín hasta los
confines de Lena, y de 1 legua de ancho, desde Foz hasta la sierra del Aramo” (es decir, una
superficie que ronda 50 km², unas 4.810 ha 11) y de forma casi inmediata, el 24 de abril de
1846 comenzaron los trabajos de explotación.
La capacidad de la “empresa” justifica también la búsqueda e incorporación de técnicos
cualificados, con experiencia en el sector privado, que en último lugar determinaron la
apuesta por procesos innovadores y la mejora en los productos.
Además de la reserva estatal del coto consagrada por ley, se puso al frente de los trabajos a
un experto ingeniero belga, Denis Thiry Delmalle, que en estos mismos años participará de
otros importantes proyectos industriales en la región como es la Real Compañía Asturiana de
Minas en Arnao (de capital belga) e impulsará sus propios negocios en el sector, como la
fábrica de pólvora y luego de dinamita de La Manjoya, en la década de 1860, o la
explotación de mineral de hierro en el Naranco, en los años 70 de la misma centuria. Es
decir, una figura con características que se reiteran en aquel momento en Asturias: el
técnico convertido en inversor. Su influencia se apreciará en el análisis y la marcha del coto:
en la organización de la explotación, en la dotación de equipamientos, en el estudio del
transporte y en la aplicación de las primeras medidas de seguridad, como reflejan sus
propios escritos y otras fuentes estrictamente contemporáneas.
Algo frecuente entonces era contar con asesores que realizaban informes sobre
determinados aspectos de interés para el negocio. Así sucedió en este caso, pues el
ingeniero de minas francés Adrien Paillette se ocupó del análisis de la caliza de montaña
de este enclave, para determinar la rentabilidad de la explotación y dictaminar, al fin, el alto
contenido de grisú de las capas.
Además del ingeniero jefe, la explotación contó con un maestro minero que asumiría las
tareas de capataz y una plantilla que en determinados momentos superaba los 400
operarios, incluyendo los destacados en el área de cokización, al servicio de la carga y
deshorne de las baterías.
La explotación fue regular durante unos quince o veinte años, aproximadamente,
constando que aún en 1861 se abrían nuevos campos de labores; la producción superó
algunos años los 200.000 quintales de carbón, de los que más de la mitad se destinaban a la
cokización (rindiendo, aproximadamente, el 50% de su peso tras el proceso).
Se obtuvieron excelentes resultados, algo manifiesto no sólo en la marcha adecuada de los
altos hornos de Trubia, sino también en el reconocimiento alcanzado en las muestras y
certámenes industriales tan característicos de esa centuria. Por citar un par de ejemplos, la
producción de Riosa estuvo presente y se valoró positivamente en la Exposición Pública de
la Industria Española celebrada en Madrid, en 1850; igualmente se presentó en la
Exposición Universal de París de 1855, donde el Cuerpo de Artillería de Trubia obtuvo una
medalla de 1ªclase y el ingeniero de minas del distrito, otra, remitiendo ambos muestras de
hulla y cok de este coto minero.
A partir de esta década de 1860 la explotación fue languideciendo hasta abandonarse los
trabajos y, en 1888, el Estado anuncia su venta en subasta pública, a la que se presenta
como único postor el empresario bilbaíno Martínez de las Rivas pero cuyo resultado se
anula, apartándole del negocio. Hubo otras subastas en fechas sucesivas hasta que en 1899
tiene lugar la definitiva en que una sociedad anónima se hace con el coto, poniendo fin a la
primera etapa marcada por la presencia estatal y la supeditación a los intereses de la factoría
trubieca
.
Las relaciones humanas y técnicas con Bélgica: La industria militar y, por extensión, la
siderurgia como producción estratégica, en manos del Estado o controlada de cerca por él,
determinan la instalación de la primera factoría moderna (de gran escala y organización
racional) en Asturias: la Real Fábrica de Armas de Trubia, que en sí misma es referente
histórico, económico, social y patrimonial a nivel nacional. Se ha ido comprobando que,
además de su valor intrínseco, fue el motor del desarrollo industrial de la región aunque no
se habían aportado aún los ejemplos concretos de su influencia en la activación minera o en
los talleres de segunda fundición. Podemos mencionar que, más allá del abastecimiento de
combustible de su coto riosano, el acopio de hulla cokizable precisa aportaciones externas y
se adquieren diferentes partidas que suponen la explotación de otras concesiones como es
el caso del grupo Corujas de Mieres o del valle de Turón, donde los Fernández (luego
Figaredo, de los que nos ocuparemos más abajo) y Fernández Tresguerres tienen contratas
de suministro que les convertirán progresivamente en empresarios de la hulla de la época
capitalista.
La ambiciosa empresa que se acometía con la reactivación de la factoría trubieca precisaba
de nuevos procedimientos y profesionales instruidos en las técnicas metalúrgicas que desde
Inglaterra habían llegado al norte de Europa, de ahí que sea determinante la influencia
belga, del área de Lieja (Valonia) en particular . Ésta es decisiva no sólo en esta planta sino
de forma directa en su coto minero y en otros muchos ejemplos del siglo XIX: en empresas
tales como la Real Compañía Asturiana de Minas, estrictamente contemporánea e instalada a
partir de 1853 en Arnao (con la extracción de carbón para su empleo en la metalurgia del
zinc) o Solvay et Cie., implantada en Lieres a partir de 1903, por citar los más conocidos.
Ahora bien, en cuanto a Trubia, es relevante el puente que Elorza tendió hacia ese país
donde él mismo se había formado, trayendo a técnicos expertos en los nuevos
procedimientos tanto de laboreo como de beneficio mineral, nómina que no sólo incluye al
ya citado Thiry, sino también a la importante saga de los Bertrand. A la cabeza de esta
familia encontramos a Charles, impulsando la explotación hullera en Mieres (Turón y
Peñón) y contarán con su propia fábrica metalúrgica en Oviedo.
Siguen ese itinerario desde los países bajos hasta el Principado, poco más tarde, Alexandre
Van Straalen (al servicio de Fábrica de Mieres) o Alphonse Dory, ambos vinculados al
beneficio del cobre en el área de Riosa (el primero también benefició el mercurio y
arsénico de Mieres – Lena). Todos ellos actuaron, como el primero mencionado, en el
sentido de convertirse en inversores al participar o generar nuevas empresas minero –
metalúrgicas.
En cuanto a los procedimientos aplicados, dejando al margen la transformación siderúrgica,
en el ámbito minero se pretende analizar científicamente el yacimiento, plantear a cierta
escala el campo de labores, emplear métodos de extracción modernos, mejorar el
transporte y garantizar cierta seguridad en el trabajo, proletarizando en suma a los
operarios. El estudio riguroso lo llevan a cabo el ingeniero jefe de la explotación, el ya
citado Thiry y también el mencionado Paillette con su análisis geológico, pero también
Bernáldez, Lasala y Rúa Figueroa y algún otro, divulgando sus resultados en la prensa
especializada, de modo que la disposición de bancos y capas, su riqueza y sus cualidades se
harán conocidas, facilitando la organización de la explotación sin infructuosas calicatas y
con planes a medio plazo. La fragilidad del carbón determinaba una elevada cantidad de
menudos, un defecto para su comercialización sin tratamiento, pero una ventaja en la
cokización por ser idóneos para este proceso.
La explotación mediante travesales, con el sistema de gradas y relleno, se hizo en el punto
más próximo al camino carretero que conducía hasta la fábrica de Trubia y, aunque ya
entonces se hacía patente la necesidad de tender un ferrocarril (la inversión resultaba
inviable), se optó por disponer un rudimentario tranvía de sangre interior que conectaba en
la bocamina con un plano inclinado por el que bajaba la producción a las baterías de
hornos de cok, método empleado en lugar del más extendido de tratamiento en pilas al aire
libre. La preocupación por la seguridad es totalmente inusual y es, probablemente, el
primer ejemplo documentado en España de empleo de lámparas para la detección de grisú,
anterior a 1850, del tipo “Mueseler” que fue ideado en 1840 por ese ingeniero belga y
aplicado en Seraing; por supuesto, se aplicaba también la ventilación forzada mediante
hogares.
En cuanto al personal, se evidencia la participación de aldeanos de la zona que mantienen
su tradicional ocupación agropecuaria y la compaginan con el trabajo asalariado, siendo
reticentes al empleo de las medidas de seguridad y ausentándose en ocasiones por sus
faenas del campo, algo que también entorpecía el transporte en carros del país tirados por
bueyes cuyo número era insuficiente. El “obrero mixto” queda definido desde el comienzo
de esta historia.
Las conclusiones: A pesar de la corta duración de esta etapa, apenas 20 años, se sientan las
bases del desarrollo ulterior: se evidencia ya la cantidad y calidad del producto, la ventajosa
posición en el centro de la región y su dependencia o supeditación a la siderurgia, así como
unos condicionantes que a la larga determinarán toda su evolución: la dificultad del tendido
férreo propio por la abrupta disposición del terreno y la importancia de su conexión con las
vías regionales y nacionales, así como la necesidad de contar con instalaciones de
tratamiento del mineral para permitir su comercialización, tanto por la preparación de los
carbones de grueso calibre, como el uso del menudo para cok y la necesaria recuperación
de los finos
. Participación de la empresa privada y singularidad del caso:
de Minas de Riosa a Hulleras de Riosa, pasando por los inversores
franceses. Reflexiones sobre el período 1899 – 1952
Reflexión sobre el contexto: La industrialización capitalista y la modernización económica
de Asturias despegan en la década de 1880 y logran momentos de esplendor en 1898 y
durante la gran guerra, con una etapa intermedia de estabilidad. Este fenómeno es regional
pero contextualizado, recibe influencias foráneas pero mantiene invariantes propios y desde
luego, no está propiciada en exclusiva por los inversores exteriores, sino también por una
política proteccionista y la definición de modelos nuevos en la gestión, con sociedades
anónimas, cierta voluntad monopolística y la capacidad de transferencia de recursos.
La principal influencia para el Principado es la vizcaína, la primera provincia vasca
incorporada al movimiento industrial, con la que se mantuvieron numerosas e íntimas
relaciones ya en momentos anteriores, acentuándose en este período y manteniéndose
prácticamente hasta la actualidad.
Si se ha advertido la importancia del capital bilbaíno, la estrategia de colonización de la
minería asturiana para el abastecimiento de su industria, la oligopolización del mercado
siderúrgico y el control y supeditación de nuestras factorías del metal, y el reforzamiento y
diversificación en transportes, banca, etc., se termina concluyendo que la actividad en
Asturias, en cierta medida, se convirtió en un subproducto de la expansión y dinámica
vasca, que se ajusta a ese eficaz modelo.
Las características que se dieron en el marco temporal definido (de 1880 hasta 1920) se
mantuvieron, en cierta medida, en los años posteriores puesto que la industria asturiana
siguió marcada por el monocultivo de la hulla, las factorías siderúrgicas subsidiarias de las
vascas y otras producciones menores (en el ramo de la extracción de metales y su
elaboración, por citar un ejemplo). También se mantuvo esa debilidad del sector capitalista
y la dependencia de inversores foráneos, así como el amparo de la legislación y el Estado,
protegiendo estas actividades. Casi hasta hoy esto ha seguido siendo así: en la post
industrialización que hemos vivido se ha pretendido que Asturias logre su diversificación y
un impulso empresarial propio, industrial o en el sector servicios, pero los lastres del
pasado siguen frenando su desarrollo
.
Los inversores: Así, en ese panorama que parece resumir los males atávicos del Principado,
el caso que nos ocupa es bastante singular, pues fueron los inversores asturianos quienes se
hicieron cargo del negocio e idearon estrategias empresariales de alianza con el capital
francés (tan interesado –también– en el desarrollo minero regional) que revirtieron a medio
plazo en su propio beneficio, de ahí que la familia Fernández y sus próximos (vinculados
mediante alianzas matrimoniales con otras sagas conocidas como los Sela, Aza o Santos)
estén al frente de este brillante capítulo que ahora detallaremos. Esta extensa familia lidera
la constitución de la primera S. A. que opera en este grupo minero y de la última que
finalmente vende al Estado sus propiedades, dirigiendo el negocio entre 1899 y 1952
aunque con un paréntesis de control indirecto.
Los Fernández demuestran el persistente éxito del capital asturiano, tantas veces
despreciado por la historiografía, no sólo en este caso menos difundido, sino en su primero
y nuclear negocio: el Coto minero Paz de Figaredo, al frente del cual se mantuvieron entre
1866 y 1980, del que tomarían su nuevo y más conocido nombre.
La saga se inicia con Vicente Fernández Blanco, se afianza con Juan Inocencio Fernández
Martínez de Vega, se consolida con Vicente Fernández Herrero y se perpetúa y diversifica
con los hermanos de éste junto a algunos de sus hijos; esta generación ya usará como
apellido Figaredo.
Su origen en el propio valle minero de Turón, en el concejo de Mieres, y su posición como
propietarios de terreno (familia hacendada y heredera de un mayorazgo) les permitió
dedicarse desde mediado el siglo XIX a la extracción de carbón. Esta lucrativa actividad
revirtió en la adquisición de nuevas fincas en la zona, consolidando su paso de terrateniente
a empresario minero; sus herederos mantendrán y ampliarán el negocio, diversificando sus
intereses en industrias de transformación, infraestructuras como el ferrocarril o transportes
como la flota marítima, así como la banca
Relaciones internacionales: El capital asturiano no desdeñó la importancia de la formación
ni de la técnica, así que –al igual que sucedía años atrás con los técnicos extranjeros
convertidos en accionistas– ahora nuestros empresarios se cualifican con la enseñanza
superior y en este grupo de accionistas de Minas de Riosa encontramos a varios ingenieros
de minas adscritos al Cuerpo, como los hermanos Santos de Arana. Pero interesados en
conocer su interés por el progreso minero foráneo, descubrimos que llegan incluso a
estudiar en el extranjero, mantienen la colaboración con profesionales venidos de otras
cuencas europeas e incorporan técnica con patentes internacionales. En ese sentido,
podemos destacar a Vicente Figaredo quien tras pasar por la Escuela de Minas de Madrid
viajó a Lieja para conocer el desarrollo de la industria minera belga, o su hermano Isaac que
estudió comercio en esa misma ciudad belga, ambos al frente del negocio a partir de 1914;
con ellos trabajarán ingenieros franceses, caso de Paternottre o les guiarán en sus decisiones
de colaboración con otras empresas los consejos de Lauras, por citar un par de ejemplos y,
por último – como sucedía con frecuencia en España– la mayor parte de la maquinaria y
procedimientos se importaban o adquirían bajo patente extranjera, ya fuera belga, alemana
o americana. De ese modo, difícilmente puede sostenerse que España estuviera apartada
del circuito internacional puesto que los vínculos son numerosos y la incorporación de
técnicos y procedimientos delata una fluida relación con el resto del mundo minero, incluso
de la siempre supuestamente aislada y montañosa Asturias.
El paréntesis del capitalismo francés: En esta misma línea, ante la idea tantas veces reiterada
del Principado como una colonia para inversores foráneos guiados por un afán capitalista
desmedido, el ejemplo que analizaremos de fusión con accionistas franceses y la
recuperación de la empresa por el grupo regional demuestra que los términos no siempre
fueron esos y que la estrategia obró a favor de los asturianos.
Con frecuencia en Asturias aparecen los capitalistas extranjeros, galos en especial (aunque
también hay ingleses, por ejemplo, aspecto éste bien estudiado o incluso algunos
alemanes), puesto que en Francia se vivió una auténtica “ilusión asturiana”, tomando estas
cuencas como las más importantes y atrayendo un elevado número no sólo de inversores,
sino también unas relaciones más intensas a nivel de ingenieros y otros técnicos; ahora
bien, su análisis suele basarse en fuentes indirectas, rara vez en la consulta de la propia
documentación de la empresa o la que haya generado en su país de origen, quedando
reducido a la anécdota, al conocimiento sesgado que ignora parte de la información original
y sin ahondar en su planteamiento, dinámica y desaparición final.
Esta opinión se ratifica en el mínimo interés por el estudio de los inversores franceses que
operaron en el coto riosano pero también en otros puntos de Asturias, a quienes en último
término se les debe el planteamiento a gran escala y racional de la explotación, fuertes
inversiones inmobiliarias y técnicas que obedecían a un diseño a medio plazo, así como la
contribución al conocimiento de la riqueza minera regional fuera de nuestras fronteras. Fue
la Compagnie des Houillères de Ujo - Mieres la que se hizo con el negocio en 1905 y esta
introduce la singular fórmula de arriendo de la explotación minera (a partir de marzo de
1909, Société Française des Charbonnages de Laviana) y la concertación de la transformación en
cok (a partir de 1906, con la Société de Carbonisation).
En este punto, la consulta de documentación procedente del Centro de Archivos del
Mundo del Trabajo francés, sito en Roubaix, ha sido de extraordinario interés y abre una
vía excepcional para los historiadores que deseen ampliar sus miras y estudiar estos
vínculos. Y de este modo la presencia francesa, que apenas se intuía en la documentación
que habíamos consultado en archivos locales o provinciales28, ni en las fuentes impresas,
quedó más definida, permitiendo comprender las relaciones entre las distintas compañías.
Desarrollo de las instalaciones: Esta etapa de capitalismo industrial es, por definición, la de
las grandes inversiones, tanto en la redefinición y preparación del campo de labores como,
y muy especialmente, en la organización y construcción de instalaciones auxiliares del grupo
concentradas en La Pereda (Mieres), destacando las soluciones aportadas al transporte
dentro del área de influencia de la empresa (enlace del área de explotación con el de
preparación) y su conexión con las dos grandes líneas ferroviarias de la región, el Norte y el
Vasco – Asturiano.
En el laboreo se adquirieron nuevos grupos en el término municipal de Mieres y se
lograron otras concesiones por parte del Estado, hasta definir un conjunto que
representaba la mayor propiedad minera que existía en Asturias, con una superficie algo
superior a los 50 km² (se habían añadido a las 4800 hectáreas del coto otras 358, así que
formaban un conjunto de 5168 ha.) y una cubicación, evaluada sobre el nivel del valle, de
unos 14 millones de toneladas de hulla. Al margen de distintos trabajos de reconocimiento,
en esta etapa de medio siglo de duración se comienzan los trabajos en la zona próxima a
Loredo y La Pereda (Mieres), por requerir menos instalaciones y transporte hasta este
último punto, desde donde se expedía hacia la costa o la meseta interior, los nuevos
mercados.
El laboreo se reducía al ataque por galerías de dirección sobre distintas capas y algún
transversal que recortaba otras de distinta posición. El área que se había beneficiado en
tiempos anteriores quedó en reserva, en estos primeros años, por su peor comunicación;
esto cambia en la década de 1920, en que se pone en labor el llamado grupo de Piedrafita
en el oeste (Riosa), que dará un elevado rendimiento una vez que la empresa se dota de una
nueva red ferroviaria, más perfeccionada.
Por ofrecer algún dato de producción que permita evaluar el calado del negocio, en 1905
superó las 35.000 toneladas, ya en 1916 y al calor de la gran guerra rondó las 90.000 y de
nuevo en 1921 bajó hasta las 45.000, cantidades que traducen no sólo la capacidad del coto,
sino también la del resto de instalaciones y las necesidades del mercado.
Sobre la creación en La Pereda del conjunto de instalaciones auxiliares, diremos que se
beneficiaban de un área llana, bastante despejada y bien irrigada por el Caudal, bien
comunicada (proximidad y temprana conexión en este punto con las dos principales líneas
férreas de la región, Norte y Vasco) en la que existía una aldea poco poblada con la que,
durante décadas, convivirá la industria sin transformar su carácter rural, desde el mismo
año 1900. Se construyó el lavadero, un artefacto que aglutina las operaciones de lavado,
clasificación y tratamiento de la producción para su comercialización, donde confluye todo
el carbón en bruto, se limpia y prepara eliminando las impurezas; los menudos pasan a
coquizarse y se recuperan los finos en balsas de decantación. Aquí también se localizan
talleres (de reparaciones, de fundición, etc) y almacenes o depósitos de materiales y
productos, así como instalaciones de producción de energía eléctrica. De igual modo, se
levantan algunos equipamientos sociales, tales como el economato o la capilla que la
empresa puso a disposición de la comunidad.
Este tipo de área auxiliar minera presenta las características, elementos y evolución propias
de otras muchas, como hemos probado al analizar el caso bien conocido de La Cuadriella
para Hulleras de Turón o en Sovilla para la Hullera Española30.
En cuanto al transporte, tras una instalación férrea simple, con ancho de vía de 600 mm. e
intrincada red de planos inclinados, se abre paso un tendido de mayor calibre (750 mm.) y
unos 8 km de recorrido que conecta la zona más rica del coto riosano con las dependencias
de La Pereda. Esta obra ocupa a la empresa entre los años 1914 y 1922, supone una elevada
inversión pero será clave en sus resultados económicos posteriores. A la obra de ingeniería
se suma la adquisición de material motor y de arrastre, así como el mantenimiento, que
hicieron de este ferrocarril el corazón del negocio durante décadas.
El capitalismo regional: S. A. Minas de Riosa, 1899 – 1905
Los inversores: A la subasta pública de abril de 1899 se presenta la recién constituida S. A.
Minas de Riosa, con un capital social de apenas 16.000 pesetas, que se hace
con el coto en buenas condiciones, si tenemos en cuenta la calidad contrastada del cok y
su escasez en el mercado nacional. Esta sociedad integraba en su accionariado a dos
miembros de la familia Fernández, Juan Inocencio Fernández Martínez de Vega (1851 –
1918) y su hijo Vicente Fernández Herrero (1876 – 1929), así como Alfredo Santos
(ingeniero de minas, hermano del yerno y cuñado de los antedichos, respectivamente, que
asume el cargo de director gerente), otro empresario minero como Vigil Escalera, un
político como Manuel Uría (que había sido gobernador civil de la provincia de Oviedo), y
otros. Hubo varias ampliaciones de capital, de modo que a fines de ese mismo año se
superan los 2 millones de pesetas.
Los técnicos: Como ya había sucedido antes, la presencia de un técnico extranjero
cualificado fue importante en la organización de la empresa. Se trata del poco conocido
ingeniero Paternottre, que en ese momento suscribe la mayor parte de las solicitudes
presentadas ante el consistorio y debía colaborar con los hermanos Santos de Arana,
ingenieros de minas ambos y accionistas de la empresa, quienes asumieron decisiones como
la implantación del área de servicios auxiliares en La Pereda.
Achille (Aquiles) Paternottre había nacido en Bélgica en 1858, formándose como ingeniero
de minas; recaló en Asturias donde contrajo matrimonio y tras la etapa como director en
Riosa, pasaría al servicio de la empresa belga Solvay et Cie. en el complejo minero de Lieres,
donde se jubilaría en 192532.
A éste atribuimos un informe de gran trascendencia del final de esta etapa, que analiza el
conjunto del negocio y determina las líneas de evolución del mismo, no sólo a nivel de
funcionamiento sino incluso de inversión y alianzas financieras, firmado en 1904
Las instalaciones: Hacia 1900 comienzan a levantarse en La Pereda cargaderos y otras
piezas necesarias para el tratamiento del carbón en bruto, como el taller de preparación
mecánica (bastante simple) y el lavadero, con las balsas de decantación para schlamms, que
comenzarían su marcha regular hacia 1903. La maquinaria presentaba patentes americanas y
alemanas, aunque no era ni muy abundante ni innovadora. A pesar de la importancia de la
cokización para el negocio, en esta etapa el proceso se realiza con el primitivo método de
montones de carbón en combustión al aire libre, dando como resultado (sin embargo) un
cok de gran calidad, con agujas largas y brillantes, bastante duro. Se preveía la dotación de
una batería de hornos, que lo haría aún mejor, pero la inversión fue aplazada.
Se localizó también una oficina central con laboratorios y vivienda, instalándose, ya en esta
fecha, un teléfono para conectar todos los sectores (explotación y servicios).
En cuanto al transporte, debemos destacar la inversión en un tendido férreo de unos 9 km.
de longitud total, con ancho de vía de 600 mm, articulado mediante varios planos
inclinados y del que destaca la perforación de un túnel de 600 m. de longitud para salvar el
cordal que separa Mieres de Riosa. Con un tráfico de 500 vagonetas diarias, la capacidad de
este circuito permitía una producción de 135.000 toneladas anuales; aunque resultaba útil,
no era el mejor itinerario ni método, pero sí el más viable y asequible en aquel momento.
En total, la sociedad invirtió en estos 5 años más de 3 millones de pesetas en la adquisición
de nuevas concesiones del área de Mieres, en las instalaciones ferroviarias y de tratamiento,
en estudios y preparación de futuros trabajos; evidentemente, se planteaban entonces unos
beneficios a medio o largo plazo que justificaron tal inmovilización de capital.
Los inversores franceses: Compagnie des Houillères de Ujo - Mieres y
Société Française des Charbonnages de Laviana, 1905 – 1914
Inversores y acuerdos empresariales: El camino a la participación de otros inversores
parecía prepararse en ese año de 1905, tal vez en razón de las elevadas sumas que harían
falta para completar las instalaciones auxiliares y, en especial, para solventar realmente el
problema del transporte en todo el coto minero, sirviendo en particular a la zona riosana
que era la más rica y debía conectarse con el área de servicios de La Pereda. En esa
coyuntura, debió parecer oportuna la entrada de capital foráneo, aunque no fue necesario
acudir a contactos en el extranjero o realizar una campaña de captación: había empresas, en
particular francesas, que ya operaban entonces en las cuencas asturianas.
En concreto, en diciembre de 1904 se había constituído la Compagnie des Houillères de Ujo -
Mieres, con la aportación de concesiones de personas y sociedades españolas y una fuerte
presencia de capitalistas galos, cuya sede se fijó en Ujo (Mieres), su capital ascendió a 4
millones de pesetas y se orientó a la explotación de dos grupos mineros en los términos de
Mieres y Lena. A comienzos de 1905 ésta ya se plantea su vinculación con Minas de Riosa,
reuniendo las concesiones bajo una misma dirección, con una fusión y remuneración de las
aportaciones realizadas, a cambio de la entrega de nuevas acciones, que se preveía
beneficiosa al rendir una notable plusvalía.
De forma rápida, en julio de ese año se lleva a término la operación: Minas de Riosa
transmite todas sus propiedades a la Compañía francesa, aportación libre de toda carga,
recibiendo un importante número de acciones a cambio, cuyo valor se calculaba en
1.350.000 pesetas. Existían otras cláusulas, relativas a la cancelación de una hipoteca que
suponía el pago de unas obligaciones a los empresarios españoles en determinados plazos,
que resultaría determinante en la marcha del negocio una década después.
La Compañía concentró todos sus esfuerzos sobre las nuevas concesiones y comenzó a
operar, tanto en la extracción como en la mejora de las instalaciones, lo que supuso de
forma inmediata la ampliación del capital, medida que se reiteró en los años sucesivos. Se
opta ya en 1906 por levantar una batería de hornos de cok de gran capacidad, con una
fábrica anexa para la recuperación de subproductos, para cuya obra y marcha llegó a un
acuerdo económico con la también francesa Société de Carbonisation, que desde 1899 operaba
en similares términos con Fábrica de Mieres. Además, a partir de marzo de 1909, se decide
la cesión de la explotación minera mediante un contrato de alquiler a cambio del pago de
obligaciones, intereses y amortizaciones, que permitirían ir saldando las reclamaciones de
los acreedores españoles y lograr algún beneficio; el arriendo se llevó a término con la
Société Française des Charbonnages de Laviana, que se había constituido en enero de 1905 y en la
que era accionista e ingeniero director Léon Borie, un francés afincado en Guipúzcoa.
Aunque había comenzando a operar entonces en Ribota (Laviana), luego intentaron
trabajar en Siero y finalmente habían vuelto a Ribota, pero no habían logrado una marcha
regular ni beneficios en ese primer lustro. Entre los años 1910 y 1912 llevaron a cabo en el
coto de Riosa importantes inversiones, que también les obligaron a ampliaciones de capital,
y así conseguirían, ya en 1913, unos buenos resultados: una producción mayor, mejor
proporción de carbón lavado, elevada cantidad de cok bien remunerado, etc. pareciendo así
que –por fin– este negocio minero iba a mantener una constante y desarrollar al máximo
sus posibilidades.
Sin embargo en 1914, por requerimiento de uno de los obligacionistas españoles que se
amparó en el impago de un cupón de las obligaciones (de la Compañía de Ujo a Minas de
Riosa), los tribunales actuaron en contra del grupo francés y nombraron un administrador
judicial y finalmente, las minas y demás propiedades de Hulleras de Ujo – Mieres salieron a
subasta, en óptimas condiciones, haciéndose con ellas de nuevo el grupo capitalista
asturiano abanderado por los Figaredo, algo que se ratificaría y solventaría por completo en
1920, liquidándose aquella hipoteca.
En la memoria popular, en los recuerdos de los vecinos, se ha mantenido que esta
operación obedeció a una estrategia empresarial de José Sela, relacionado con los Figaredo
y con otros negocios mineros en el Caudal, cuyo papel será decisivo en la siguiente etapa de
Hulleras de Riosa, sociedad de la que será director gerente.
El personal y las instalaciones: Sin duda destaca en esta fase la figura de Xavier Lauras y
Corte, ingeniero de minas francés, accionista y administrador delegado de esta empresa. De
él apenas sabemos que poseía experiencia en el extranjero (puesto que acreditaba el
desempeño del mismo puesto en las hulleras de Ekaterinovka, Rusia) pero sí apreciamos lo
que hizo por este negocio en concreto, puesto que él orienta a la Compañía de las Hulleras de
Ujo hacia la fusión con Minas de Riosa, reconoce la zona, plantea los trabajos futuros y
determina las inversiones a realizar, así que es figura clave en este período.
En concreto, en cuanto a las instalaciones, aparece ya en su informe de 1905 la necesidad
de tender una vía férrea con su cabeza de línea en La Foz, para la recepción del “todouno”
de los distintos grupos, hasta La Pereda, franqueando el cañón; para ese fin se avanzaba en
su estudio, al solicitar un anteproyecto al “emprendedor de la vía de los ferrocarriles de la compañía
Vasco – Asturiana”, es decir y deducimos, el propio ingeniero y empresario Jerónimo Ibrán.
Ahora bien, la ejecución no se llevará a término aún en este período.
En cuanto al resto de obras, la principal inversión se centra en la batería de hornos de cok
con su fábrica aneja de recuperación de subproductos que permitía servirse de los residuos
de la combustión del carbón, usando el gas desprendido para calentar sus propias calderas y
reinvertirlo en la cocción, obteniendo alquitrán, sulfatos de amoníaco, benzoles de distinta
clase y naftalina. Se mejoraron las instalaciones del lavadero (1907, material de patente
alemana) y se introdujo la electricidad en varios puntos, se ampliaron las calderas y se
adquirieron nuevos motores, se introdujeron tornos y compresores en algún grupo minero,
llegando así se forma temprana la mecanización de la labor de extracción con el martillo
picador (1911), todos ellos hechos importantes desde el punto de vista de la innovación
tecnológica. Si sumamos la creación del economato (también en ese año 1911), como
establecimiento de aprovisionamiento para el personal obrero en condiciones de calidad y
ahorro, sin beneficio para la sociedad, advertiremos que el planteamiento que se hacía era
moderno, similar al de otros enclaves europeos y con previsión de mantenimiento a medio
o largo plazo, por el calado de la inversión
La reafirmación del capital asturiano: S. A. Hulleras de Riosa, 1914 – 1951
Los inversores: De nuevo en enero de 1914 aquellos capitalistas asturianos que habían
creado Minas de Riosa se constituyen en empresa, creando la S. A. Hulleras de Riosa,
domiciliada en Mieres y con el capital social (ridículo) de 6.000 pesetas, cuyo objeto
principal (único, probablemente) es concurrir a la subasta pública de las minas de la
Compañía de Ujo – Mieres. Están presentes, como en el origen, miembros de la familia
Figaredo y sus allegados: Inocencio Fernández, que será nombrado presidente o Alfredo
Santos de Arana (secretario), sumándose como accionista y director gerente el ya citado (y
avisado) José Sela y Sela (yerno del fundador de Minas de Figaredo), así como los Vigil
Escalera de Siero o la Sociedad Herrero y Compañía de Oviedo, por citar sólo algunos
ejemplos.
Una vez que se hacen con estos bienes en la subasta, sin ninguna dificultad (lo que debe
hacernos pensar en un “pacto de no agresión” o un respeto de otros inversores por la
posición de los Figaredo y allegados), ya en marzo de 1916 amplían su capital hasta el
millón de pesetas y en 1920 se produce otra ampliación, aún mayor, que alcanza los 10
millones; en esta década de los años 20 los resultados positivos para el negocio se deberían,
en cierta medida, al efecto del proteccionismo sobre la pequeña minería.
La última ampliación se producirá en 1945, con otros dos millones de ampliación,
momento en que el presidente es Isaac Figaredo Herrero y el secretario del consejo, su
hermano Ismael; traduce claramente el peso de esta familia al frente del negocio en esta
etapa privada desde el origen, en 1899 hasta su venta al Estado, en 1952
Los técnicos y las instalaciones: Al fin podemos mencionar como fundamental en la
organización y desarrollo del negocio la presencia de un ingeniero director de origen
español, asturiano por más señas, como fue Luis Álvarez Fueyo.
Hijo de un capataz de minas, nació en Mieres en 1906 y se trasladó en su infancia a Tudela
Veguín donde su padre era el único perito de las minas de Quintana; Luis se formó en la
escuela de Madrid, llegando a Hulleras de Riosa, su primer destino, en abril de 1932, donde
permaneció supervisando la explotación hasta 1969 (incluyendo una fase de más de una
década al servicio de ENSIDESA), momento en que se jubila coincidiendo con la
incorporación a HUNOSA. Su juventud y los avatares políticos de sus primeros años de
trabajo (Revolución de Octubre del 34 y Guerra Civil) no impidieron que la empresa
avanzara entonces y la dirigiera con acierto, afirmándose en el panorama y logrando unos
rendimientos regulares, con beneficios para los accionistas y permitiendo nuevas
inversiones, aunque siempre de menor escala que las anteriores. Fue asimismo profesor en
la Escuela de Minas de Mieres durante años y testigo excepcional del siglo XX, por su
longevidad y sentido común .
En el apartado de las instalaciones, se lleva a cabo una mejora y ampliación de las mismas,
en particular en la zona de servicios de La Pereda y muy especialmente, en el apartado del
transporte. Citaremos, en primer lugar, la reforma del lavadero con la incorporación del
sistema de patente belga de reolavadores (rhéolaveurs) que se inauguró en 1924, cuyo éxito
fue efímero y su rendimiento, muy inferior al de los lavaderos de tecnología y construcción
española que a partir de 1926 se comienzan a levantar en esta misma cuenca del Caudal
(como el de La Cuadriella, de Hulleras del Turón35). En segundo lugar cabe destacar la
instalación de subestaciones eléctricas que recibían la energía de Electra de Viesgo (central
productora de Santa Cruz de Mieres) para atender el área de servicios y también para la
explotación, con la primera en 1921 y la tercera (que se ampliará ulteriormente) en 1951,
que fue pareja a la electrificación de los trabajos y la introducción del aire comprimido. En
tercer lugar, la mayor inversión y principal mejora fue, sin duda, el tendido del nuevo
ferrocarril de la empresa que siguió el trazado ya previsto de La Foz a La Pereda, firmando
el proyecto José Vigil Escalera, él mismo ingeniero y accionista de la empresa; la obra la
dirigiría junto a José García Lago.
Presenta una longitud que ronda los 8 km y un ancho de vía de 750 mm, ideado en 1914 y
concluido en 1920, para ser inaugurado y legalizado un año más tarde; fue preciso perforar
11 túneles en la dura caliza, establecer numerosos pasos inferiores y dos superiores, ejecutar
una notable obra en muros de sostenimiento y contención, resultando un coste total
aproximada de 4 millones de pesetas.
En la actualidad, la caja de vía dentro del término municipal de Mieres ha sido recuperada
como senda verde y existe un proyecto para su puesta en valor, en el que ocupará una
posición central la dotación de un Aula de Interpretación en la antigua estación sita en
Loredo, que nos ocupa en la actualidad como profesionales. Para este ferrocarril se hizo
necesario adquirir la práctica totalidad del material motor y de arrastre, una gran inversión
de la que apenas quedan hoy vestigios materiales, a pesar de su innegable valor patrimonial.
En cuarto y último lugar, el tren permitió la explotación de la zona más rica en el sector
oeste, regresando así al área privilegiada mediado el siglo XIX
.
Volver a empezar.
El INI36, las empresas participadas por el Estado y el coto minero.
1952 – 2005
.
Aunque no es este punto el que se centra nuestro trabajo, sí podemos aportar algunos
datos y valoraciones sobre el regreso de la explotación hullera a manos del Estado en la
segunda mitad del siglo XX. Este capítulo sí permanece en la memoria colectiva de la zona,
de ahí la importancia que ha supuesto recabar testimonios orales, aunque se desconocían
los datos precisos del proceso y apenas se habían empleado ni dado a conocer las fuentes
documentales al caso
ENSIDESA, 1952 – 1969 37
La entrada del INI: ENSIDESA se crea el 28 de julio de 1950 y se instala en Avilés,
precisando desde la etapa de proyección de un abastecimiento regular de combustible para
los altos hornos, que en ese momento aún se pretendía lograr dentro de la región y sin la
necesidad del transporte marítimo, o sea por ferrocarril y en un radio corto. Aunque hubo
contactos con los propietarios de La Camocha, en Gijón, éstos no prosperaron y se dio
comienzo a negociaciones con S. A. Hulleras de Riosa. Estas fueron arduas y se logró un
precio de compra de 30 millones de pesetas, que se consideró excesivo y muy superior al
valor real de las acciones. Así pues la operación resultó muy beneficiosa para los inversores
del grupo Figaredo, teniendo en cuenta la situación del mercado nacional de carbón en la
segunda mitad del siglo XX y la coyuntura que vivían las grandes empresas de la región.
Además del coste de adquisición de la empresa por el INI para dar servicio a la planta de
siderurgia integral de ENSIDESA, se vio entonces como necesario crear unas nuevas
instalaciones que se estimaba superarían los 40 millones de inversión y otros 7 de capital de
redamiento. Estos cálculos hacían desaconsejable la operación desde una perspectiva
estrictamente económica pero no bastaron para desanimar al Instituto, que hizo primar
criterios estratégicos, tales como garantizar el suministro de hulla cokizable como
mecanismo de defensa y seguridad ante un mercado inestable, garantizando la
independencia respecto de las importaciones, en pro del “interés nacional”.
Tras una breve etapa en que se mantienen los Sela, Santos y Figaredo en el consejo de
administración, con un gerente impuesto por el INI (ingeniero de minas Félix Aranguren
Sabas), en noviembre de 1952 se define ya un nuevo consejo con presencia mayoritaria de
personal vinculado al Instituto abriéndose entonces un proceso de liquidación de Hulleras de
Riosa que concluirá en diciembre de 1957, con la disolución de la antigua sociedad y la
adjudicación definitiva de su patrimonio a favor de ENSIDESA.
En este momento será presidente Eustaquio Fernández Miranda, ingeniero vinculado al
Consejo de combustibles y profesor que fue en la Escuela de Mieres, así como en la de
Madrid, manteniéndose Félix Aranguren, sumándose otros como Longoria, Hurtado,
Langreo y García Dueñas
.
Influencia internacional y profundización del pozo Montsacro: Se ha documentado con
precisión el proceso y el desarrollo del negocio en estos años38, pudiendo destacar el
mantenimiento del ingeniero director sr. Álvarez Fueyo al frente de la explotación que
garantizaba el conocimiento certero del terreno y negocio. Destacaremos, en el ámbito del
laboreo, la profundización y puesta en marcha del Pozo Montsacro, que permitía acceder a
niveles bajo el nivel del valle por primera vez en la historia de este yacimiento; en segundo
lugar, la construcción de las tolvas de La Foz para cargar los trenes y, de forma casi
inmediata, el abandono de la batería de cok de La Pereda (abril de 1955) y la dotación de
una nueva localizada ya en Avilés, a pie de la central térmica y los altos hornos, donde se
transformaría la producción riosana y se instalaría un parque de carbones, solventando el
problema del almacenamiento. El lavadero entrará en decadencia (se hallaba en pésimo
Estado en febrero de 1955, reactivado temporalmente en 1956) hasta la construcción de
uno nuevo de mayor capacidad y mecanismos más modernos en Avilés, de ahí que sea el
período de franca decadencia de las instalaciones auxiliares del área de Mieres.
Incluso en esta etapa marcada por el régimen franquista, al hallarse el coto en manos del
Estado, las relaciones con el extranjero se mantienen y sigue siendo la tecnología foránea el
referente para nuestras minas. En mayo de 1953 viajó Álvarez a Francia y Alemania,
estudiando la mecanización del arranque y la preparación de carbones, así como la mejora
del transporte, al que sigue otro viaje de Aranguren a Francia y Luxemburgo con similares
objetivos, realizando por último otra gira por Alemania, Bélgica, Holanda y Francia varios
de los técnicos con el fin de modernizar la explotación riosana. La adquisición de
equipamiento fuera era la pauta, aunque entrañara dificultades a la hora de lograr créditos y
divisas para las operaciones, documentándose los servicios del Export Import Bank.
En cuanto al pozo Montsacro39, desde el inicio se planteó el uso de la polea Koëpe y el skip
doble como se hacía en el resto de países europeos, adjudicándose en septiembre de 1953 la
obra de profundización a Entrecanales y Távora (EYTASA) y comenzando los trámites para
adquirir la máquina de extracción a GHH y Brown Boveri en el verano de 1954. En junio de
1959 se coloca el castillete40 y en el segundo semestre del año comienza la producción
regular del pozo.
Es decir, en este último período aquellos problemas casi ancestrales están aún presentes,
pudiendo mencionar para esta etapa incluso cómo el absentismo laboral, debido a la
estacionalidad de las labores agrícolas, mermaba la producción en meses tales como agosto
(dato contrastado para 1955, por ejemplo), así que la mano de obra mantuvo ese carácter
mixto durante más de un siglo. La mecanización llevada a cabo en los grupos de montaña
nunca mermó la dependencia del factor humano, que rendía desigualmente y se mostró
bastante esquivo a su reducción a mero colectivo asalariado como podía darse en el medio
urbano. En esta etapa se produjo algo hasta entonces prácticamente desconocido en la
zona: la dotación de alojamientos para los obreros y de nuevos equipamientos, como los
grupos de viviendas de La Prunadiella o Las Mazas, en Riosa y Morcín respectivamente, o
las de la Ará, que rondaron el medio millar en total
HUNOSA41 y la decadencia, 1969 – 2005
Queremos terminar haciendo mención a la integración del antiguo coto hullero en la
empresa estatal HUNOSA, que se produjo entre 1969 y 1971. Desde julio de 1969 se hace
cargo de la empresa, aunque el acuerdo formal y definitivo llega dos años después, tras
resolver cuestiones relativas al uso del ferrocarril, el destino de algunas fincas y
propiedades, así como las contraprestaciones generadas durante el dilatado período de
negociación. HUNOSA, que se creó mediante decreto en marzo de 1967, con el concurso
del INI y la aportación de varias empresas mineras que se unieron inicialmente a su
accionariado, fue incorporando otros negocios como éste, que era excepcional por
pertenecer ya entonces al Estado.
El pozo Montsacro se integró en el Grupo San Nicolás, junto con Nicolasa y Olloniego,
permaneciendo hoy sólo los dos primeros en funcionamiento. Esta etapa supuso el
abandono y desmantelamiento del ferrocarril de 750 mm., optando por transportar el
carbón bruto en camiones hasta el lavadero del Batán en Mieres, empleando las mismas
tolvas hasta que avanzada la década de 1970 se instala la cinta interior que saca la
producción de Montsacro por la 5ª plaza de Nicolasa, en términos de Mieres.
Su situación actual es similar al resto de las explotaciones mineras asturianas, que ya es
decir bastante
En conclusión: Aunque con frecuencia se ha abordado el desarrollo económico y la
historia de las empresas ajustada a conceptos de orden general muy cerrados, enfrentando
por ejemplo la inversión del Estado con la privada, optando por las grandes empresas y
dejando de lado (por su supuesto escaso interés) los pequeños y medianos negocios que
tejen el minifundismo empresarial, magnificando la colonización foránea y desdeñando la
persistencia de recursos nacionales y regionales, abundando en la descapitalización o la
ausencia de recursos a gran escala.... a medida que los estudios avanzan, se aprecia que la
oposición entre semejantes conceptos no es tal y que, con frecuencia, en lugar de
competencia hay complementariedad y alternancia de la empresa pública y la inversión
privada, hay fenómenos de escala inferior a la gran empresa que ofrecen gran interés y
arrojan una imagen diferente de la industrialización, existe un juego de recepción y empleo
de tecnología en que tienen gran importancia no sólo los inversores, sino muy
especialmente los técnicos o profesionales al frente de la empresa, aparecen soluciones
ingeniosas al problema de la financiación y los capitalistas se alternan al frente de los
negocios. Se aprecia también cómo los territorios están inmersos en redes económicas,
financieras, de innovación tecnológica y mecanización, que alteran su percepción
tradicional máxime en el caso de Asturias tomada tantas veces como paradigma de región
aislada dentro del país.
En suma, al estudiar determinadas regiones y épocas afectadas por la industria minera en
España, al llegar al estudio de caso, comprendemos que el éxito empresarial no siempre es
un éxito del territorio, no se traduce en una situación de evolución del espacio y de sus
gentes, así que el final de este episodio histórico es una zona que ha perdido población, la
que conserva está envejecida, ha perdido puestos de trabajo y ha entrado en recesión, como
sucede en la mayor parte de las cuencas mineras en las últimas décadas. En síntesis, el éxito
empresarial o la rentabilidad económica que obtuvieron los inversores no supusieron
beneficios duraderos para el concejo ni la sociedad local.
Anexo 1. Tabla de capitales sociales de las empresas privadas propietarias de las minas.
Fuentes documentales varias, elaboración propia
.
S. A. Minas de Riosa 16.000 pesetas 19 abril 1899, constitución
Ídem 500.000 pesetas 3 mayo 1899, ampliación
Ídem 2.150.000 pesetas 29 nov. 1899, ampliación
C. Houillères de Ujo–Mieres 4.000.000 pesetas oro 3 dic. 1904, constitución
Ídem 15.000.000 pesetas oro 18 mayo 1905, ampliación
Ídem 12.000.000 pesetas oro 30 nov. 1906, reducción
Hulleras de Riosa S.A. 6.000 pesetas 19 enero 1914, constitución
Ídem 1.000.000 pesetas 29 marzo 1916, ampliación
Ídem 10.000.000 pesetas 22 marzo 1920, ampliación
Ídem 12.000.000 pesetas 13 sept. 1945, ampliación





